lunes, 24 de junio de 2019 |Hora: : :

EL TEMA


CIERRES

24 de Junio (Valor Local)
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Por Juan A Bracco - La presentación de candidaturas que realizaron los principales frentes electorales el pasado sábado 22 más que un cierre fue una apertura · El escenario complejo que deja la lista oficial del frente justicialista, donde prima la obediencia por sobre el entusiasmo · La hegemonía PRO en el voto no peronista y la UCR en camino a constituirse en el PMDB argentino

Con varias alternativas, dos frentes constituyen por proyección las opciones reales en las próximas elecciones: el Frente de Todxs (FdeT: compuesto por el justicialismo y sus aliados) y Juntos por el Cambio (JxC: la nueva cara de Cambiemos, entente compuesta por el PRO y partidos menores).

En ambos casos, las listas oficiales tendrán internas para definir los postulantes al Senado y a la Cámara de Diputados.

Sin embargo, cuesta creer que tantos los postulantes al Senado del FdeT, Edgardo Kueider y Stefanía Cora y de JxC, Alfredo de Angeli / Estela Olalla, tengan demasiadas dificultades para superar las primarias y llegar a las generales de octubre. Lo mismo ocurrirá en las diputaciones, donde es presumible que se impongan Marcelo Casaretto / Blanca Osuna por el FdeT y Gabriela Lena / Gustavo Hein por JxC.

Una digresión: No forma parte ni de la norma eleccionaria ni de la tradición de campaña en la provincia, pero sería un suceso digno de ver un debate de las cabezas de lista para el Senado: entre el galimatías de Kueider y la media lengua a lo Chiquizuel de De Ángeli, sería un logro de la población poder destilar algo.

Retomando. La propuesta del FdeT en Entre Ríos fue armada entre el gobernador Gustavo Bordet y el candidato presidencial Alberto Fernández. En algún momento, en el entorno del mandatario provincial coquetearon con la idea de que en la boleta el cuerpo de candidatos a legisladores de Entre Ríos lleve la divisa “Frente Creer”, adherida a la del FdeT con las nominaciones de Fernández/Fernández.

La distinción entre un cuerpo y otro no era caprichosa: el Gobernador Bordet estaba presionado por el Gobierno nacional para que sus candidatos vayan con boleta “corta” (como ocurrió en Córdoba) y una diferenciación entre una parte y otra de la balota era uno de esos intermedios que son casi marca registrada de Bordet.

La idea, sin embargo, rebotó en Buenos Aires por razones políticas y legales y terminó en el cesto de basura.

Solo la intervención directa de Fernández logró que la candidatura a senador nacional de Sergio Urribarri, que se vislumbraba como encaminada el viernes, fuera dejada de lado en la tardenoche del sábado por el propio interesado. Un tuit del candidato a presidente y un mano a mano con Cristina Fernández terminaron de poner bálsamo sobre las heridas del ex gobernador.

· Según pasan los años

Las postulaciones que Bordet presentó dejan, sin embargo, una serie de incógnitas, dado que reproducen ciertos elementos que estuvieron presentes en el armado de Urribarri de 2013 y que terminaron esmerilando el capital político del entonces mandatario:

1. La lista, de por sí, no moviliza. Los candidatos, sobre todo los cabezas de lista (Kueider y Marcelo Casaretto) no tienen un solo voto propio. Blanca Osuna, candidata a diputada en segundo lugar, cosecha más rechazos que adhesiones, incluso en Paraná, su territorio.

2. Dependerá, por tanto, del arrastre de los cargos ejecutivos. Y de lo que pueda hacer Bordet, quien en las legislativas de 2017 se encontró con la realidad de que no puede transformar su buena imagen en intención de voto a otros candidatos. En 2013 Urribarri se puso como candidato a senador suplente, su foto aparecía en la boleta y la lista ganó. Aún así, el resultado electoral encendió una alarma que no fue tomada debidamente en cuenta.

3. Al igual que hace seis años, el Gobernador juega la carta de su persona de confianza, para la senaduría: Sigrid Kunath en aquel momento; Edgardo Kueider ahora. Ambos titulares de la estratégica Secretaría General de la Gobernación, filtro de las decisiones políticas del gobierno. Kueider, además, controla el Ministerio de Comunicación. Su salida anticipa renovación del gabinete a partir de diciembre, pero abre el interrogante de qué pasará sin que haya alguien que le cuide la espalda. El ejemplo de lo que pasó con Kunath habla por sí solo: desde que dejó de visar previamente los expedientes y decretos que Urribarri firmaba, comenzaron los desaguisados que lo llevaron a tener que desfilar por Tribunales. Ninguna de las causas penales que enfrenta el ex mandatario está datada antes de diciembre de 2013, cuando Kunath llegó a la Cámara alta.

4. Bordet además puso en jaque un pacto tácito con la ciudadanía desde 2015: no jugar con la voluntad popular, no apelar a postulaciones testimoniales. En 2013, los titulares electos terminaron renunciando y la representación entrerriana en el Congreso se integró con corrimientos y suplentes. Hoy el mandatario provincial, a 13 días de que fuera electa diputada provincial, pone de nuevo como candidata a Stefanía Cora. Sin dudar de los méritos de la actual edila paranaense (nacida en Concordia) corresponde preguntar ¿Era necesario?

5. Vinculado con el punto anterior, hay que mencionar que esta candidatura se ajusta a la necesidad de que el sector kirchnerista esté presente en la lista. Cora integra La Cámpora, la agrupación que lidera Máximo Kirchner y que rodea a CFK desde 2011. En el escenario local, sin embargo, no es predominante: hay otras con más desarrollo territorial y político. La prueba más concreta es que La Cámpora sólo tiene dos figuras: la edila, electa diputada provincial y precandidata a senadora nacional y Juan Manuel Huss, diputado nacional y electo diputado provincial.

El último elemento a tener en cuenta de la lista que armó Bordet es la ambigüedad. Esta nómina está preparada tanto para un triunfo de Fernández / Fernández como para una eventual reelección de Mauricio Macri.

Cora y Osuna seguirán en cada Cámara la senda que marque CFK y serán oficialistas u opositores según lo que pase en octubre (o noviembre, en caso de balotaje).

Pero Kueider y Casaretto serán, independientemente del resultado de las urnas, oficialistas. Si gana Alberto Fernández, el escenario será el ideal; pero en caso de que Macri siga cuatro años más, podrá contar con los votos de ambos para la prometida “aceleración” que encarará, según anticipó.

Kueider lo hará en aras de la gobernabilidad que necesita Bordet para conducir la provincia, argumento que sirvió para que los actuales senadores Kunath y Pedro Guastavino hayan hecho seguidismo durante tres años a la línea que marcó Miguel Ángel Pichetto, a la postre compañero de fórmula de Macri.

Casaretto podrá sumar a esto su pasado de “Cavallo boy” durante los ’90, con los pergaminos de haber querido privatizar el Instituto del Seguro.

· La otra vereda

La alianza entre el radicalismo, el PRO y otras fuerzas menores, intentará revertir un resultado de derrota abrumadora en los comicios provinciales, impensado después del éxito histórico obtenido en las legislativas del 2017.

En ese marco, los aliados tienen realidades diferentes.

El PRO ocupa el sitial enfrentado al peronismo. Es decir, hegemoniza tanto el voto no peronista como el antiperonista y, de esa forma, también el sello JxC.

La UCR está a la deriva. El centenario partido nunca pudo recuperarse del fracaso y posterior fallecimiento de su último caudillo, Sergio Montiel. La aparición de Atilio Benedetti en 2009 abrió ciertas expectativas, que comenzaron a diluirse con las derrotas de 2011 (como candidato a la gobernación) y en 2013 (cuando el radicalismo perdió su banca en el Senado nacional), tuvo un reverdecer en 2017 y terminaron de sepultarse el pasado 9 de junio con otra caída fatal.

Además, otra de las figuras emergentes a principios de siglo, el intendente de Paraná Sergio Varisco, implotó a causa de sus causas en la Justicia y el manejo clientelar del estado municipal.

El esquema nacional tampoco aporta: el partido de Alem, Yrigoyen y Alfonsín no tendrá candidato a la presidencia y fue raleado de los principales lugares de la alianza, guiado por referentes que, como Esaú, perdieron todo por un plato de lentejas.

Sigue con peso territorial por tradición, pero no encuentra liderazgos fuertes que consoliden una posición. Sólo así se explica la actitud claudicante ante el ninguneo al que es sometido por un socio menor.

Así las cosas, la UCR se apresta a seguir el rumbo que en Brasil tomó el PMDB, una fuerza que tiene estructura (afiliados, legisladores, gobiernos locales) pero no candidatos a la presidencia y por ello lleva su caudal hacia un lado u otro. Es un partido que no nunca pierde, pero tampoco gana.


Fecha Publicación: 24/06/2019  08:00  

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