UN EMPRENDEDOR QUE HABLA LOS IDIOMAS DEL MUNDO

Llegó hace 20 años desde Nueva Zelanda y armó una empresa de traducciones que trabaja en 82 lenguas · Lo ayudaron empresarios y capitales cordobeses · Tiene base en Córdoba y exporta sus servicios a todos los continentes.

Cuando Charles Campbell va de visita a cualquier lugar del mundo, lleva una tasa de Argentina y se trae una de la ciudad que visitó. De alguna manera, eso es lo que hace su empresa, Translation Back Office.

Llegó de Nueva Zelanda a General Cabrera por un intercambio en 1995, “el día que quemaron la Casa Radical”, recuerda. Se enamoró de una cordobesa y, luego de ir y venir a su país, decidió quedarse en 1998.

Siete años después, con 10 mil pesos, armó una sociedad para exportar servicios de traducción. Entró al ámbito emprendedor y creció gracias al asesoramiento y al capital de empresarios locales.

–¿Cómo nació la empresa?

–Yo vivo en Córdoba desde 1998 y al año siguiente empecé haciendo traducciones para firmas locales. En 2005 armé Translation Back Office con un capital de 10 mil pesos, cuando el dólar valía tres pesos. Fue la primera firma cordobesa de traducción.

–¿Por qué una empresa?

–En general, la mayoría armaba bufetes de traductores. Yo siempre pensé en un modelo exportador. Tomé ideas de los mentores que tuve, como Humberto Sahade (Apex), Eduardo Serena (despachante de Aduana), Mario Barra (Vates) y Rafael Ibáñez (Incluit).

–¿Cómo fueron los inicios?

–Desde el primer momento exportamos a Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Irlanda, Canadá y Japón.

–¿Cómo lo lograron?

–Porque acá teníamos clientes que son muy importantes en el mundo. Por ejemplo las big four (las más grandes consultoras del mundo): KPMG, PwC, Deloitte y Ernest & Young. Ellas nos abrieron muchas puertas y crecimos fuerte hasta 2010.

–¿Qué traducen?

–De todo. Manuales técnicos de maquinaria, sitios web, ensayos de medicina o informes sobre casos judiciales argentinos.

–¿Por qué interesan los casos judiciales vernáculos?

–Porque la globalización genera una logística mundial muy dinámica de la información. Hay casos judiciales en Argentina que suben o bajan acciones en la Bolsa de Nueva York. Los estudios jurídicos neoyorquinos contratan a traductores de ese país y ellos nos subcontratan a nosotros. Y hay logísticas más raras aún.

–¿Por ejemplo?

–Una empresa de Canadá nos pidió traducir su sitio web al francés canadiense, al chino simplificado, al ruso y al vietnamita. Todo se coordinó desde Córdoba.

–¿Y eso cómo lo organizan?

–La mayor parte de los traductores están en Córdoba. Tenemos 110 personas, 70 en la ciudad. Pero además hay profesionales en 10 países de África y en casi todas las naciones de Asia, porque no podemos tener acá especialistas en todos los idiomas. Esto permite traducir con las tendencias actuales y las características culturales del idioma de cada región. El único lugar donde no tenemos a nadie es en Nueva Zelanda (risas).

–¿Vos no lo harías?

–No, porque hace 20 años que estoy en Argentina. Ya no hablo como los kiwis (así se llama en el mundo al neocelandés) de mi país, ya perdí la jerga.

–¿Piden traductores desde el exterior?

–Sí, una empresa de República Checa nos llamó una vez para ver si era posible poner un traductor en Toronto (Canadá) de una semana a la otra. ¡Es algo fascinante, incluso para los empleados!

–Dialogan con todo el mundo.

–Uno de nuestros clientes es la Organización de Naciones Unidas (ONU), que tiene mucha presencia en África. Hay empleados que hablan con gente de Etiopía. En un momento llegamos a traducir en 82 idiomas.

–¡82 idiomas! ¿Cuáles son los más exóticos?

–Los africanos y los de pueblos originarios, porque no tienen academia de lenguas ni diccionarios. Por ejemplo, suajili (de Tanzania y Kenia), amhárico (de una región de Etiopía) o mapudungún (mapuche).

–¿Cómo es la actividad en Translation?

–La empresa trabaja las 24 horas durante 363 días. Sólo cerramos en Navidad y en Año Nuevo. Tenemos 140 clientes y sólo un puñado nos da de comer. La mayor actividad es para Vietnam, Tailandia, Ucrania y Perú. El resto ayuda a posicionarnos, nos pone a prueba y nos impulsa a crecer. (Fuente: La Voz del Interior)

Fuente: (valorlocal.com.ar)