Entre febrero y septiembre de 2026, el precio de la nafta en la Argentina subió 16% en dólares, casi al nivel de Europa —que registró un alza del 21%— y más de cinco veces lo que aumentó Brasil, que avanzó apenas 3% en el mismo período. El promedio de América Latina se ubicó en 9%, también por debajo de la suba local.
Los datos surgen del último informe de Economía & Energía (E&E), la consultora dirigida por el economista Nicolás Arceo, ex vicepresidente de YPF, que analizó el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre los precios de los combustibles en distintos mercados del mundo.
El gasoil, en tanto, mostró una dinámica similar. En la Argentina, el precio del diésel trepó 20% en el período analizado, por encima del promedio latinoamericano —15%— aunque por debajo del promedio europeo —31%—, y de lo registrado en Estados Unidos, donde el gasoil acumuló una suba del 69 por ciento.
El contraste más llamativo del informe es el que separa a Estados Unidos del resto. La nafta en ese país subió 51% entre febrero y septiembre, impulsada por una combinación de factores: a la suba del valor del crudo se sumó la ampliación del margen de refinación, en un mercado que traslada de forma casi inmediata cualquier modificación de costos al precio en los surtidores. En septiembre, el índice de precios de la nafta estadounidense llegó a 156 puntos, partiendo de una base de 100 en enero.
Por el contrario, en Brasil, la nafta subió 3% y el gasoil, 14 por ciento. La estabilidad en el precio de los combustibles se explica porque el gobierno brasileño amortiguó las subas mediante subsidios financiados con la recaudación de un impuesto a la exportación de petróleo y la reducción temporaria del impuesto a los combustibles.
La Argentina, en tanto, se ubicó entre ambos extremos, con una suba que más que duplicó el promedio regional pero que estuvo lejos de los valores de Estados Unidos. Esta moderación relativa del precio argentino respecto al mercado estadounidense se explica con el buffer que aplicó YPF y que luego replicó el resto de la industria. El mecanismo, implementado desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, consiste en que la compañía absorbe parte de la suba internacional del crudo sin volcarla de forma directa al precio en los surtidores. Cuando el precio internacional baje, las petroleras mantendrán el valor en los surtidores y recuperarán lo que habían adelantado.
Horacio Marín, presidente y CEO de la compañía, explicó este esquema la semana pasada ante inversores de Wall Street durante la conference call de resultados trimestrales. “Cuando vimos que la demanda de nafta y gasoil —que es totalmente inelástica— empezó a ser muy elástica en Argentina después de algunos incrementos, entendimos que no podíamos aumentar más”, afirmó el ejecutivo. Lo único que se traslada de forma directa e inmediata son las actualizaciones del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y al Dióxido de Carbono (IDC), y los ajustes en el precio de los biocombustibles.
La brecha entre el precio del crudo Brent —que superó los USD 106 el barril en las primeras semanas de octubre— y el valor local de la nafta súper alcanzó en las últimas semanas un nuevo récord desde el inicio del buffer, según cálculos de la consultora 1816 con base en datos del Ministerio de Economía.
Pese a esa contención, la demanda de nafta siguió cayendo. Según el informe mensual del portal especializado Surtidores, las ventas de combustibles crecieron 1,96% interanual en septiembre —el primer resultado positivo desde enero—, pero la recuperación fue impulsada casi en exclusiva por el gasoil. La nafta súper, que representa alrededor del 41% del total comercializado en el país, retrocedió 2,17% respecto al mismo mes de 2025. (Fuente: Infobae)
