“Hoy, en Córdoba, la mayor penetración de segundas y de terceras marcas se da en el comercio minorista en barrios periféricos de la ciudad de Córdoba; y en el territorio provincial, fuera de las grandes ciudades y de los corredores turísticos. En esas zonas, donde el poder adquisitivo es menor, el 57 por ciento de lo que se vende son segundas y terceras marcas”, señala Vanesa Ruiz, gerenta del Centro de Almaceneros de Córdoba.

Su grado de penetración aumentó con la crisis pandémica, pero es dispar según el canal de ventas. En el comercio minorista y en los súper regionales avanzaron fuerte en 2020. Por qué no fue igual en las grandes superficies.

Son marcas que, por definición, garantizan precios al menos 20 por ciento más bajas que las etiquetas líderes en su categoría y que, en algunos casos, ofrecen una brecha mayor. Son elaboradas por pymes, por emprendedores y también por las fabricantes de marcas líderes como propuestas más accesibles que suman volumen a su negocio y se adaptan al contexto.

Los datos relevados por la entidad señalan una red de unos 96 mil almacenes, distribuidoras, dietéticas, fiambrerías, verdulerías, carnicerías y pollerías en toda la provincia; 38 mil de ellos en Córdoba capital. En comercios de ciudades grandes y en corredores turísticos, la penetración de las marcas más económicas va del 25 por ciento al 30 por ciento.

Una situación muy diferente describen desde el grupo de grandes jugadores, que incluye a Carrefour, Walmart, Disco, Vea y Libertad.

Allí, aseguran fuentes del sector, el crecimiento de segundas y de terceras marcas encontró un tope: el programa de Precios Máximos, que casi congeló una gama de más de 500 bienes de la canasta básica (hubo aumentos del 10 por ciento a 12 por ciento, muy por debajo de la inflación anual).

“Con productos de primeras marcas con precios anclados, se achicó y hasta casi desapareció la brecha entre estos y las segundas y terceras marcas. Las marcas propias, que tienen como objeto ser las más baratas de su categoría, también se desdibujaron”, insisten desde las grandes superficies, con duras críticas a lo que califican como “desorden de precios”, que –aseguran– produce un descalce entre costos e ingresos y pérdida de rentabilidad. (Fuente: La Voz)