La mejora en la relación insumo-producto le devolvió competitividad al maíz en un contexto donde las lluvias previstas también juegan a favor de la campaña fina.
La caída en el precio internacional de la urea volvió a cambiar el clima de negocios para el maíz y el cereal empieza a recuperar protagonismo de cara a la campaña gruesa 2026/27. Aunque el productor sigue mirando con cautela los costos de implantación y la elevada inversión inicial que exige el cultivo, en la región núcleo reaparece una tendencia que parecía debilitada hace apenas semanas: la intención de sostener una superficie similar a la del récord alcanzado el año pasado.
El último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) recordó que hasta hace poco con la urea cotizando cerca de los 1.000 dólares por tonelada, la soja aparecía como la gran ganadora en la disputa por área. Sin embargo, el escenario comenzó a modificarse a partir de la baja del fertilizante, que actualmente se negocia entre 810 y 850 dólares por tonelada. Esa reducción mejoró la relación urea/maíz, hoy ubicada en torno a 4,3 toneladas de cereal necesarias para adquirir una tonelada de fertilizante. Aunque todavía se mantiene por encima de los niveles de hace un año, cuando la relación rondaba las 3,1 toneladas, el alivio alcanzó para devolverle competitividad al cereal.
La cautela sigue presente y el productor continúa siguiendo de cerca la evolución de los costos, especialmente después de una campaña 2025/26 marcada por márgenes más ajustados. En muchos casos, la rentabilidad terminó dependiendo exclusivamente del volumen obtenido.
Pese a eso, el maíz conserva ventajas estructurales que explican por qué sigue ocupando un lugar privilegiado en la estrategia de los productores, señalaron desde la entidad. A diferencia de la soja, cuyo potencial de rendimiento muestra menores saltos productivos, el cereal mantiene una fuerte capacidad de multiplicar ingresos cuando se superan los rindes de indiferencia.
La demanda ganadera aparece además como otro de los pilares que sostienen el negocio maicero. El consumo interno destinado a silo, grano húmedo y alimentación animal continúa consolidando la competitividad del cereal, especialmente después de un año favorable para la actividad pecuaria.
- PERSPECTIVAS CLIMÁTICAS PARA LA CAMPAÑA
En paralelo, las perspectivas climáticas también aportan optimismo. Los pronósticos anticipan condiciones asociadas a un evento Niño firme y perfiles de humedad que llegan al invierno con buena recarga hídrica en gran parte de la región núcleo.
El antecedente inmediato también pesa en la toma de decisiones, adverten desde la BCR. La campaña 2025/26 sorprendió por el volumen de hectáreas implantadas con maíz detectadas mediante teledetección por el equipo de GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario. El relevamiento determinó una superficie de 2,3 millones de hectáreas en la región núcleo, un récord histórico que modificó incluso las estimaciones nacionales del cultivo.
Ahora, la gran incógnita es si ese escenario podrá repetirse. Por el momento, la respuesta parece inclinarse hacia la prudencia, aunque sin resignar superficie. El costo de fertilización sigue siendo elevado y las compras de insumos avanzan lentamente, pero las encuestas muestran que muchos productores intentarán sostener un área similar a la del ciclo anterior.
Mientras tanto, la campaña fina avanza con rapidez. La siembra de trigo ya alcanzó el 45% del área prevista y supera en nueve puntos porcentuales el promedio de los últimos cinco años para esta fecha. El mayor progreso se registra en el centro-sur de Santa Fe, donde la implantación ya cubre cerca del 70% del área proyectada.
Sin embargo, el ritmo de las tareas comienza a depender cada vez más de las lluvias pronosticadas para los próximos días. En zonas como María Susana y Bigand advierten que serán necesarias nuevas precipitaciones para completar la siembra, mientras que en Aldao estiman que, si las lluvias no resultan excesivas, las labores continuarán con variedades de ciclo intermedio hasta fines de junio.
- RINDES
Más retrasada aparece la situación en el norte bonaerense. Allí, además de la humedad, pesa el impacto financiero que dejó la última campaña gruesa. En San Pedro describen una siembra “incipiente y sin demasiado entusiasmo”, afectada por rindes de soja y maíz que fueron de malos a regulares y complicaron la capacidad de asumir nuevos compromisos productivos.
El escenario climático agrega otro elemento clave. Mayo cerró con precipitaciones claramente por debajo de lo habitual. Mientras el promedio histórico mensual oscila entre 25 y 50 milímetros en la región núcleo, este año apenas se registraron unos 15 milímetros promedio en las estaciones de la red GEA/BCR.
No obstante, el cambio de circulación atmosférica previsto para los próximos días abre una ventana de alivio. Según explicó el consultor Alfredo Elorriaga, desde el viernes y hasta comienzos de la próxima semana podrían registrarse chaparrones y tormentas sobre la región núcleo debido al avance de un sistema frontal desde el sudoeste pampeano.
Esas lluvias serían determinantes ya que permitirían sostener el avance de la siembra de trigo en las zonas donde empieza a faltar humedad superficial y, además, podrían marcar el inicio de una primera quincena de junio con mayor actividad pluvial y condiciones más cercanas a los valores normales para la época. (Fuente: Agroactiva)

