Así lo demostró un informe del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA) que contó con la participación de 45 científicos. En un seminario organizado por la institución, calificaron como “insignificante” la participación de la ganadería nacional en el proceso de calentamiento global.

De todas las acusaciones que pesan sobre el sector agropecuario como causante de grandes males para la humanidad, la ganadería se lleva una de las peores partes. Hace ya algunos años que a nivel internacional se responsabiliza a la actividad de tener un alto impacto negativo en la cuestión ambiental, responsabilizándola tanto de deforestaciones masivas, como así también, de ser uno de los mayores contribuyentes al calentamiento global por la emanación de gases de efecto invernadero.

Estas afirmaciones, representan una suerte de “amenaza” para aquellos países productores, sobre todo cuando las naciones más poderosas del mundo y los grandes consumidores comienzan a establecer reglas y estándares que pueden afectar su modo de producción y sus economías. Es por eso que el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA) presentó un estudio que revela que la ganadería argentina es responsable sólo del 0,15% de la emisión de gases de efecto invernadero a nivel global. La investigación, que contó con la participación de 45 científicos nacional del Conicet, universidades nacionales y provinciales e integrantes del INTA y el INTI, da a conocer la pequeña participación de la actividad en el calentamiento global en nuestro país y pone de manifiesto la contribución a la conservación de los suelos a través de la captura de dióxido de carbono.

En la apertura del seminario “Carne argentina, carne sustentable”, evento que se realizó virtual y donde se presentó el trabajo, el presidente del IPCVA, Juan José Grigera Naón, sostuvo que “para el productor, la ganadería es un estilo de vida, no es solamente un negocio. Es una forma de vida, por eso la sustentabilidad para el productor es ambiental, es decir preservar el ambiente en donde se encuentra trabajando. A nivel internacional e incluso local, no se tiene en cuenta la captura de carbono por parte de estos sistemas que son fundamentalmente pastoriles y silo pastoriles. Es decir la descarbonización, lo que es la captación del dióxido de carbono por las plantas del suelo que se transforman en materia orgánica enriqueciendo así el suelo”.

Por otro lado, Grigera Naón hizo mención de las “responsabilidades comunes diferenciadas” en esta problemática y resaltó que “no todos los países tienen las mismas responsabilidades, sino que las responsabilidades respecto al cambio climático y mitigación de los efectos ambientales tienen que ser proporcionada con la contaminación de cada país y no todos por igual. Esto muchas veces no es respetado, esto provoca discriminación en el acceso de mercados y barreras arancelarias para nuestros productos”.

En este sentido, el presidente del instituto destacó, a partir de los datos recabados en el informe público-privado, que “la ganadería argentina contribuye solo en un 0,15% a los gases de efecto invernadero de todo el mundo. Mientras que sólo dos países son responsables del 50%, miren la diferencia. La ganadería argentina contra el 50% de los países que más contaminan a nivel internacional”.

En la misma línea se expresó el investigador del Conicet, Ernesto Viglizzo, que incluso calculó la participación en la emanación en un porcentaje inferior al antes mencionado. Para el científico “a menudo se le asigna a las emisiones agropecuarias argentinas, emisiones a nivel mundial muy altas, que inciden mucho en las emisiones globales. Eso también es parte de un relato que no tiene mucho fundamento. Hay muchos países que tienen distinta capacidad de emisión de gases de efecto invernadero. China va a la cabeza, Estados Unidos, la Unión Europea, la India… Si tomamos el caso argentino vemos que del total de los gases de efecto invernadero, menos del 0,6% los emite la Argentina”.

Según Viglizzo, de ese 0,6% correspondiente a nuestro país, el “0,22% los emite el sector rural y de ahí el 0,12% lo emite el sector ganadero, y si vamos a la ganadería vacuna esa emisión no supera el 0,10%. O sea que el impacto que puede tener la ganadería vacuna de las emisiones globales, no llegan al 0,1%. Es una cifra totalmente insignificante. Más allá de todos estos relatos, hay un mega desafío en el siglo XXI, que es que la atmósfera se está calentando, que el planeta está comprometido y que es necesario diseñar un sistema carbono neto cero”.

A su turno, el ingeniero agrónomo del INTA Anguil, Aníbal Pordomingo, consideró que eficientizar y mejorar el proceso de cría “tiene un impacto importante en la emisión global de carbono” y que si bien hay posibilidades de mejora tanto en la recría pastoril como en el engorde de corral, la “mayor oportunidad son los procesos pastoriles, de cría, porque por unidad de kilo producida es el sistema más lento, el menos eficiente. Ahí tenemos posibilidades de mejora de un 40% o un 50% o más”.

“Lo que es la eficiencia de emisión, reducir la emisión por kilo de carne en un sistema, es tan relevante que le da el peso o le da la impronta de emisión. Entonces, la cría de pasar de un 60% de destete a un 85% no deja de ser el componente mayoritario en la emisión, pero el número puede cambiar sustancialmente. Lo mismo es lo del aumento de peso en la etapa de recría con todos esos componentes pastoriles altos. No solamente aceleramos, ganamos y producimos con más eficiencia por capital invertido, sino que además le bajamos la emisión por kilo de producción. Entonces ahí hay una oportunidad todavía muy relevante en la ganadería argentina”, concluyó Pordomingo.

  • LOS NEGOCIOS

Por supuesto, esta sustentabilidad declamada por una parte del mundo a la actividad ganadera se traduce en nuevas demandas de los consumidores y de los países compradores, que incluso pueden derivar en la imposición de reglas y estándares, que posiblemente puedan ocasionar ciertos problemas a los países proveedores, como Argentina. Para el vicepresidente del IPCVA, Mario Ravettino, en este tema, nuestro país “no puede quedar al margen”.

El también presidente del Consorcio de Exportadores ABC, sostuvo que “los países importadores de alimentos y los países importadores de carne bovina en general consideran de fundamental importancia para los tiempos venideros el análisis, concientización y aplicación de la sustentabilidad en el mundo. Los clientes del mundo entero lo requieren para darle mayor seguridad alimentaria, sanidad e inocular a los productos que consumen. En ese sentido el instituto y Argentina precisaban un trabajo con todo el aval científico para presentar en los foros internacionales y dar la discusión correspondiente”.

Al respecto, el economista de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Conicet, Roberto Bisang, detalló que “hay 6 o 7 países que controlan el comercio mundial de carnes, todos ellos están involucrados en reducciones a lo largo del tiempo en las próximas 2 o 3 décadas. Tanto Argentina como sus competidores en términos cárnicos han decidido implementar medidas de mitigación y de reducción del impacto de determinadas prácticas sobre el efecto de cambio climático global”.

Para analizar estas diferentes tendencias, nuevas demandas y estándares de producción “es necesario una institucionalidad para instalar el tema en base a criterios científicos, evaluar los cambios propios asociados por las evoluciones biológicas, coordinar el impacto global con la ejecución local. Ese es el ámbito de discusión de las intervenciones en el mundo estrictamente del comercio internacional y las distorsiones. Hay distintos niveles donde se juegan estos programas. Los hechos se producen a nivel nacional y el comercio es global”.

En este sentido, Bisang explicó que hay “un plano supranacional donde se fijan acuerdos voluntarios, un plano bilateral donde el mundo de los negocios incorpora de manera genuina y a veces de manera desleal, y un mundo más privado, micro consumidor, de contratos de hoteles, restaurantes y catering y proveedores de alimentos, particularmente de carnes, donde se fijan condiciones ambientales adicionales” y agregó que “sin dudas es un tema ineludible en futuro cercano, más allá de la competitividad de la cadena internacional de carnes. Eventuales restricciones de este tipo pueden excluir a mercados completos o abrir nuevas áreas de negocios”.

  • LA VISIÓN LOCAL

Más allá de la mirada internacional y sus demandas para con los países productores, el IPCVA realizó una serie de encuestas para saber cuál era la visión de los argentinos respecto a la producción ganadera nacional y si se cumplía con el requisito de sustentabilidad. Los resultados arrojaron que un 51% de las respuestas fueron positivas, un 19% negativas y un 30% que manifestó no estar de acuerdo ni en desacuerdo.

“El balance o nuestro punto de partida de la imagen que la gente tiene de la sustentabilidad de nuestra carne es auspicioso, el balance es positivo”, afirmó durante su disertación en el seminario el jefe del Departamento de Promoción Interna del instituto, Adrián Bifaretti. En el mismo relevamiento se le preguntó a los encuestados por qué creía que se había producido una caída en el consumo de carne y allí surgió “diferencias entre los que comen de todo, donde el principal motivo es la cuestión económica, mientras que el 16% le atribuye el problema de buscar una alimentación más saludable”.

“Los flexitarianos, aquellos que a pesar de comer carne, tienen intención de ir disminuyendo su consumo de carne vacuna, no abandonarla pero si disminuir, el principal argumento que consideran es buscar una alimentación más saludable y en segundo lugar con el 23% la cuestión económica. En el caso de los veganos y vegetarianos el principal motivo cuando abandonan es el maltrato y sufrimiento animal, y en segundo lugar una cuestión saludable. La cuestión ambiental tanto en los flexitarianos y los veganos todavía está expresándose con un bajo porcentaje de respuesta, un 6% y un 4% en el caso de los veganos y vegetarianos”, agregó Bifaretti. (Fuente: Infobae)