En Entre Ríos, la sequía que hubo a finales del año pasado y las lluvias de las semanas anteriores contribuyeron a que esta sea una vendimia exitosa. Al respecto, Noelia Zapata, presidenta de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER) afirmó: “Entre Ríos tiene condiciones buenas para la actividad, y ahora que hay varios días sin lluvia todo el mundo está cosechando. Y están todos muy satisfechos con la calidad y con la cantidad”.

Si bien todavía no se conoce a cuánto asciende la campaña, según publicó el Instituto Nacional de Vitivinicultores (INV) en el sitio Argentina.gob.ar, la semana pasada en Entre Ríos se cosecharon 36.216 kilos de uva: 14.598 de merlot, 12.983 de malbec, 5.385 de la variedad chardonnay, 2.100 de alvarinho, 850 de sirah, y 300 de pinot negro.

El trabajo es arduo y se hace de forma manual, generalmente con 10 o 15 personas que dedican alrededor de 15 horas diarias a extraer los racimos de las plantas, tijera en mano, que luego se colocan en una despalilladora, una máquina que separa el fruto de las ramas. “La uva se cosecha y se procesa en el mismo día. Hay que hacerlo lo más rápido posible. Con la desparrilladora se separa la uva de la de la rama que la contiene y eso se pone a fermentar. Se va cosechando y procesando”, contó Daniel Giménez, ingeniero agrónomo, docente de la cátedra de Vitivinicultura de la Tecnicatura en Enología que se dicta en San José, y productor vitivinícola desde el año 2013 en Concepción del Uruguay.

Acto seguido, explicó: “La fermentación lleva entre una semana y 10 días, según el tipo de vino, y luego empieza el tiempo de crianza, en que se lo cuida, se lo deja descansar y que repose, por lo general todo el invierno”.

Claro que para llegar a esta instancia el productor que apuesta a esta actividad sabe que tras la plantación de las vides deberá esperar al menos tres años para su primera vendimia, que tendrá un rinde limitado. Recién a los 5 años las plantas darán frutos para que sea una “cosecha aceptable”, según indicó Giménez, quien señaló que a partir de la primera década se podrá obtener una vendimia continua cada año, si las condiciones ambientales son las adecuadas.

Por otra parte, mencionó: “El clima estuvo bien ahora porque fue un año seco. La principal limitante que tenemos nosotros, los vitivinicultores, es la humedad, que llueva mucha y la planta se enferme, y este año eso no sucedió”. Sobre este punto, coincidió con Zapata en que “fue bueno tanto el rendimiento como la calidad de la uva, que es lo más importante para hacer el vino”.

“Para evaluar la calidad, la referencia es el contenido de azúcar que logra la uva para después fermentarse y transformarse en alcohol, así que en general este será un buen año”, destacó.

  • PROPUESTA VARIADA

Según contó Noelia Zapata, en AVER participan cuatro bodegas registradas como tales, que trabajan a una escala industrial: una es Vulliez Sermet, en Colón; BordeRío, en Victoria; Las Magnolias, en Gualeguaychú; y Los Aromitos, que tiene en Colonia Ensayo el viñedo y en Crespo la bodega, de la cual ella es una de sus referentes.

“En AVER también hay unos 15 productores artesanales, y alrededor de 20 que hacen una elaboración casera de vinos”, señaló. No obstante, estimó que son más las personas que se dedican a la actividad, pero sin estar registrados. “Por eso es complejo conocer cuántos vitivinicultores hay en Entre Ríos”, aclaró.

El circuito de comercialización es variado. En el caso de los vinos artesanales y caseros, las redes sociales y las visitas de turistas interesados en conocer la historia de la vitivinicultura en la región son los espacios principales donde se vende.

Daniel Giménez, quien es propietario de Viñedos del Río, un emprendimiento familiar, indicó: “La mayoría son elaboradores caseros y artesanales, y se procesa todo en un mismo lugar. Nosotros, por ejemplo, ofrecemos nuestros productos en Facebook e Instagram. Y también, como muchos otros, más que nada apuntamos al turismo, a la gente que visita la provincia y decide recorrer los viñedos, donde les contamos la historia, se hacen degustaciones y demás, y ahí mismo pueden adquirir algún vino”.

“En Entre Ríos, a diferencia de las demás regiones, no hay una variedad que sea distintiva, sino que existe una diversidad de variedades y de zonas productivas, y esto es lo bueno de la propuesta del vino entrerriano: se puede ir a distintos lugares a probar diferentes vinos y disfrutar de una variedad de sabores”, remarcó Giménez

Tras un año difícil por la pandemia para desarrollar las ventas, Giménez adelantó que están organizando un evento para el 25 de mayo, en el que la idea es que todas las bodegas de la provincia estén abiertas al público ese día en simultáneo, para que los visitantes puedan conocer los secretos de la producción y probar los vinos de la región, así como también otras bebidas que se están incorporando a la oferta de la región, entre la que ya se incluyen los espumantes.

En este marco, hay emprendedores que se animan a más y es innovadora la propuesta de uno de los dos establecimientos del rubro que hay en Paraná. Se trata de la Bodega Centuria, cuyos referentes son Leonardo Centurión y su hija Nina, en la que ya presentaron el Gin Río –que no se hace con uvas sino con botánicos–, además de una línea de espumantes, una grappa, un vermut y un vino nuevo.

“El Gin Río está teniendo mucha demanda, sobre todo para hacer un trago que es el GinTonic, que se prepara con agua tónica”, explicó Nina sobre este producto, en una pausa en la vendimia que se llevaba adelante el sábado en el viñedo familiar. (Fuente: UNO)