La mitad de las pymes evalúa reducir personal en los próximos meses

Las pymes llegan a los próximos meses con menos margen, menos optimismo y una señal que enciende luces amarillas sobre el empleo. Según la última encuesta de expectativas pyme realizada por IAE Business School, casi la mitad de los empresarios consultados evalúa reducir su dotación de personal durante el próximo semestre.

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El dato surge de sumar a quienes respondieron que “probablemente” achicarán su plantilla, un 31,1%, con aquellos que ya lo tienen decidido, un 18,5%. En total, la proporción se acerca al 50% y marca el nivel más alto de la serie relevada en los últimos años.

La encuesta fue liderada por el profesor Guillermo Fraile y se realizó entre enero y febrero de 2026 sobre 167 pymes familiares del Gran Buenos Aires y del interior del país. Se trata, principalmente, de pequeñas empresas de entre 10 y 50 empleados, vinculadas a los sectores de servicios, comercio e industria.

“El dato más relevante de esta medición es el cambio en la dinámica del empleo», señaló Fraile, profesor del IAE Business School y responsable del relevamiento. «Por primera vez vemos que una proporción significativa de pymes no solo dejó de pensar en crecer, sino que empieza a evaluar reducir su dotación, lo que refleja un escenario de mayor cautela y menor previsibilidad”, completó.

El empleo pyme, bajo presión

La tensión sobre el mercado laboral no aparece sólo como una expectativa. También se ve en lo que ya ocurrió. Según el informe del IAE, el 41,9% de las empresas relevadas redujo personal durante los últimos seis meses.

El número muestra una economía pyme más defensiva. En lugar de proyectar expansión, muchas firmas buscan preservar caja, moderar costos y evitar compromisos laborales que luego no puedan sostener si las ventas no acompañan.

El problema tiene una particularidad: las empresas no sólo están más cautas para contratar, sino que además siguen teniendo dificultades para conseguir perfiles adecuados. Más del 70% de las pymes afirma que tiene problemas para cubrir sus vacantes con el talento necesario.

Es decir, el sector convive con dos restricciones al mismo tiempo. Por un lado, menor decisión de tomar personal. Por otro, dificultades estructurales para encontrar trabajadores con las capacidades que demanda cada actividad.

Menos optimismo para los próximos meses

La encuesta también muestra un deterioro fuerte en las expectativas sobre el contexto general. La proporción de empresarios que espera una mejora en la situación del país en los próximos seis meses cayó de niveles cercanos al 70% a poco más del 30% en el último año.

El cambio no es menor. En las pymes, las expectativas pesan de manera directa sobre decisiones concretas: contratar o no contratar, invertir o esperar, ampliar producción o cuidar capital de trabajo.

Cuando la percepción sobre el futuro empeora, las decisiones se vuelven más conservadoras. Y ese giro ya aparece en el mercado laboral pyme, uno de los principales termómetros de la actividad económica.

El relevamiento también marca que crece la proporción de empresarios que cree que la situación podría empeorar. Ese dato impacta sobre la planificación de corto plazo y reduce la disposición a asumir nuevos costos fijos.

La presión impositiva desplazó a la inflación

En el listado de preocupaciones, la presión impositiva volvió a ocupar el primer lugar. Según el trabajo del IAE Business School, este factor se consolida como el principal problema mencionado por las pymes y desplaza a la inflación como eje dominante de la agenda empresaria.

La inflación sigue presente, pero ya no aparece sola. En la mirada de los empresarios, el peso de impuestos, cargas y costos asociados a la formalidad condiciona la capacidad de sostener empleo, mejorar salarios o invertir.

De hecho, ante la consulta sobre qué reforma tendría mayor impacto positivo en sus empresas, casi tres de cada cuatro empresarios eligieron la reforma fiscal por encima de la laboral.

El dato es relevante porque ordena la demanda del sector. Para las pymes, la discusión no pasa únicamente por reglas laborales, sino por el costo total de operar en la formalidad.

Un termómetro de la actividad

Las pymes suelen anticipar los cambios de ciclo más rápido que las grandes empresas. Tienen menos espalda financiera, dependen más del flujo de ventas y sienten antes el impacto de la caída del consumo, la presión de costos o la incertidumbre regulatoria.

Por eso, la posibilidad de que casi la mitad evalúe reducir personal funciona como una señal de alerta para la economía real. No se trata sólo de una decisión empresaria aislada, sino de un síntoma sobre el clima de negocios y la expectativa de actividad para los próximos meses.

El informe del IAE describe un escenario marcado por la cautela. Menor optimismo, problemas para contratar talento, presión impositiva persistente y más empresas evaluando achicar planteles.

En ese marco, el empleo aparece como la variable más sensible. Si la actividad no repunta y los costos siguen presionando, las pymes podrían profundizar una estrategia defensiva: menos contrataciones, más revisión de estructuras y mayor cuidado de caja.

Para el Gobierno, el dato abre un desafío económico concreto. La mejora de los indicadores macro necesita llegar a las empresas chicas y medianas, que son las que sostienen buena parte del empleo privado. Sin recuperación de ventas, alivio fiscal y previsibilidad, la expectativa pyme difícilmente vuelva a terreno expansivo.

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