Pronostican meses venideros con disminución de precipitaciones y altas temperaturas en Entre Ríos. Si caen los rendimientos en los cultivos de cosecha gruesa, por segunda vez consecutiva y especialmente de la soja, la merma en ingresos económicos por pérdidas en la provincia impactarán en las arcas del Estado y en la actividad de las comunidades en general.

Por Verónica Puig

La soja es la “caja grande” no sólo del productor agropecuario. Lo es también del Estado, que recibe ingresos en concepto de impuestos. Gravámenes que se originan desde la semilla hasta la fase final, que es la venta de los granos y especialmente cuando son al exterior, en concepto de retenciones.

Sólo observando lo ocurrido en la campaña de cultivos de gruesa pasada en Entre Ríos, se puede deducir que, si las pérdidas en soja fueron de 18.800 hectáreas a un rendimiento promedio de 1.758 kilos por hectárea y a un valor de hoy (en la pizarra del disponible de la Bolsa de Comercio de Rosario tiene un precio de 52.625 pesos por tonelada), lo perdido es millonario, en términos de ingresos. El principal condicionante para un buen rendimiento de los cultivos es el clima.

Sequía y pérdidas

Según los analistas de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, en el ciclo pasado se sembraron 84.800 hectáreas menos de soja que en el ciclo precedente.

La presencia del fenómeno climático llamado “La Niña” generó un marcado déficit hídrico en el trimestre de enero – febrero – marzo, convirtiéndose en la principal causa de que se perdieran las 18.800 hectáreas de este cultivo y que las mermas productivas tuvieran resultados negativos. Esto lo convirtiió en el tercero más bajo de los últimas dos décadas.

“El rendimiento promedio provincial registró una caída interanual de 314 kilos por hectárea y de 333 kilos por hectárea. Si a esa cifra se la compara con el promedio del último lustro, la producción de soja tuvo una caída interanual del 23 %”, detallaron desde la entidad.

Germán Heinzenknecht, meteorólogo de la Consultora de Climatología Aplicada, dijo a Valor Local que para la campaña de cultivos de gruesa del próximo ciclo 2022/23, “el déficit puede alcanzar el 30 % de los valores normales del trimestre”. La tendencia venidera se inicia en octubre, se vuelve  más marcado para noviembre.

Para el analista, se visualiza una persistencia de la probabilidad de lluvias por debajo de lo normal en el trimestre octubre-diciembre.

Heinzenknecht sostuvo que por lo que se viene mostrando a gran escala sobre el sudoeste de Sudamérica, la continuidad de La Niña limitará un cambio destacado en el patrón pluvial. Más allá de eventos zonales, seguirán prevaleciendo las lluvias por debajo de los valores normales para el trimestre de primavera.

En el ciclo pasado se sembraron 84.800 hectáreas menos de soja.

Menos agua, menores rendimientos

El cultivo de soja tiene un período crítico para la demanda de agua y su impacto en el rendimiento final en el trimestre enero – febrero – marzo.

Para el ciclo pasado, y en base a los datos climáticos, los analistas de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos aseguraron que se puede concluir que “el importante déficit hídrico, registrado en febrero pasado, tuviera repercusiones negativas tanto para la soja de primera como para la de segunda”.

Ingresos

En términos reales, el ingreso a la economía por ventas de oleaginosas y cereales es el más voluminoso cuando proviene de la cosecha de cultivos de gruesa. Según los analistas económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario, se proyecta que el ingreso de divisas del sector podría superar los 40.500 millones de dólares.

Los pronósticos de una nueva campaña con bajas en rendimientos que pueden ser ocasionados por clima adversos para los cultivos, indican que la falta de agua generaría nuevamente pérdidas millonarias a los ingresos nacionales.

(ValorLocal)