Condiciones del salto de las exportaciones argentinas en mayo

El salto de mayo no se explicó solo por la cosecha récord y la energía. Detrás del máximo histórico también hubo operaciones puntuales hacia mercados que ganaron peso por problemas de oferta, mejores precios o cambios en las condiciones comerciales.

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El comercio exterior argentino cerró mayo con exportaciones y superávit comercial en niveles sin precedentes. Según el informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) del INDEC, las ventas externas alcanzaron los u$s9.537 millones, con una suba interanual de 34,4%, mientras que las importaciones totalizaron u$s6.033 millones.

Con esos números, el saldo comercial trepó a u$s3.504 millones. Además, en los primeros cinco meses del año, las exportaciones acumularon u$s40.359 millones, un 24,3% más que en igual período de 2025, y el superávit llegó a u$s11.783 millones.

Ese resultado, sin embargo, no respondió a una sola causa. Por un lado, la cosecha récord amplió la disponibilidad de productos agropecuarios y empujó las cantidades exportadas. Por otro lado, el avance de la producción de petróleo y gas en Vaca Muerta empezó a darle más peso a la energía dentro de la matriz exportadora.

A esos factores locales se sumó, además, un contexto internacional favorable para algunos productos argentinos. En particular, la tensión en el Estrecho de Ormuz presionó sobre los precios del petróleo, los fertilizantes y otros commodities, mientras que los problemas climáticos en grandes productores, como Estados Unidos, Brasil o Australia, reforzaron la demanda por alimentos y materias primas.

Aun así, la lectura más interesante aparece al mirar la composición del salto. En ese plano, la desagregación por país y producto muestra que, detrás del récord general, hubo operaciones inusuales que ayudaron a potenciar el saldo comercial argentino.

Entre esos movimientos se destacaron el girasol argentino hacia Europa del Este, el petróleo y los alimentos hacia Asia, la carne a Estados Unidos y la miel hacia la Unión Europea. En cada caso, la explicación fue distinta: problemas de oferta en otros mercados, cambios en las condiciones comerciales, mejores precios internacionales o una mayor disponibilidad local por la cosecha récord y el avance energético.

Uno de los principales casos apareció en Europa del Este, donde el salto de las exportaciones argentinas estuvo asociado al girasol. La oferta europea quedó ajustada por problemas productivos y, en ese escenario, la cosecha local permitió cubrir parte de una demanda que necesitaba recomponer abastecimiento.

Esa combinación impulsó las compras de Bulgaria y Rumania, aunque por razones distintas. Según los datos relevados para enero-abril, las ventas a Bulgaria crecieron 3.808%, mientras que los envíos a Rumania avanzaron 716%. En el primer caso, el salto estuvo asociado principalmente a la falta de producción propia, mientras que en el segundo, en cambio, fue más determinante la competitividad del precio argentino.

En el caso búlgaro, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que el país, segundo productor de girasol de la Unión Europea, sufrió un golpe climático en un momento crítico del cultivo. Esa caída redujo la producción, dejó a su industria aceitera con stocks bajos y obligó a las fábricas locales a buscar semilla en el exterior.

Esa búsqueda coincidió con un mercado global ajustado por malas campañas en Ucrania, la Unión Europea y Turquía, lo que abrió espacio para que Argentina apareciera como proveedor disponible. A su vez, la oportunidad externa encontró respaldo en una cosecha local excepcional: la producción argentina de girasol se ubicó entre 7,3 millones y 7,4 millones de toneladas, cerca de 30% por encima del año anterior.

Gonzalo Augusto, economista jefe de la Bolsa de Comercio de Córdoba, explicó al respecto que el salto exportador respondió “básicamente por cantidades” más que por precios y remarcó que estos cambios se dieron «por la cosecha récord”. En esa línea, destacó que, además del trigo y el maíz, en girasol «también tuvimos una gran producción”.

El cambio en este caso, también fue significativo para la presencia argentina en Europa. El país pasó de abastecer apenas 1% de las importaciones de semilla de girasol de la Unión Europea a 30,6%, mientras que en harina de girasol la participación subió de 27% a 54%. Con ese desempeño, Argentina capturó 13% de la producción mundial de girasol, su mayor participación en cinco años.

Rumania también incrementó sus compras, aunque allí no pesó tanto una escasez interna como en Bulgaria, sino la competitividad del precio argentino, donde incluso con el costo del flete, la semilla local quedó en condiciones de abastecer a la industria molinera rumana. Así, ambos casos muestran cómo una cosecha récord puede transformar un problema de oferta externo en una oportunidad exportadora puntual.

  • EL PETRÓLEO EN LAS EXPORTACIONES ARGENTINAS EN ASIA

El avance de las exportaciones argentinas también se reflejó en Asia, donde la demanda combinó alimentos, oleaginosas, petróleo, litio y combustibles. De esta forma, en mayo, China fue el principal destino exportador, con ventas concentradas en porotos de soja, petróleo crudo, carbonato de litio y carne bovina congelada. India, en tanto, quedó entre los mercados más relevantes del acumulado, donde en los primeros cinco meses del año, el intercambio bilateral dejó para Argentina un superávit de u$s1.945 millones, con exportaciones por u$s2.398 millones y una suba de 13,4%.

Ese mayor peso asiático coincidió con un escenario internacional más sensible al abastecimiento de materias primas y energía. Al respecto, Marcelo Elizondo, especialista en negocios internacionales, señaló que el cierre de Ormuz aceleró un reacomodamiento de cadenas de suministro en una región donde China e India dependen en buena medida de la energía que circula por el Golfo. En ese marco, indicó que India empezó a buscar gas en Argentina y que el potencial energético regional ganó relevancia geoeconómica.

Así, la oportunidad externa encontró a Argentina con un frente energético en expansión. En mayo, las exportaciones de combustibles y energía crecieron 167,1% interanual, con el petróleo crudo como principal componente.

  • CARNE A EEUU Y MIEL A EUROPA

Otros movimientos inusuales no se explicaron por una cosecha récord ni por la tensión energética, sino por cambios concretos en las condiciones comerciales. En ese grupo apareció el caso de la carne a Estados Unidos, cuyas exportaciones aumentaron 370%.

Un fenómeno parecido, aunque de menor escala, ocurrió con la miel hacia la Unión Europea.

En conjunto, estos casos muestran otra clase de variación extraordinaria: operaciones que pueden concentrarse en pocos meses porque cambia una regla comercial, se habilita una cuota o aparece una ventana puntual de colocación. Por eso, no necesariamente marcan una nueva tendencia estructural, aunque sí ayudan a explicar por qué algunos destinos sobresalieron dentro del informe.

Más allá de las particularidades de cada destino, varios de los saltos extraordinarios tuvieron una base común: Argentina llegó a 2026 con más producto disponible para exportar. En ese sentido, la campaña 2025/26 cerró como la mejor de la historia, con una producción estimada en 163,2 millones de toneladas, un 21,25% más que en el ciclo anterior, impulsada por récords en maíz, girasol y trigo.

Ese mayor volumen, a su vez, fue clave para compensar precios menos favorables en algunos rubros. Esa misma dinámica también alcanzó a las manufacturas de origen agropecuario y no quedó limitada a unos pocos complejos. (Fuente: Ámbito)

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